
Traumatismo craneoencefálico: qué vigilar en las primeras 48 horas
La mayoría de los golpes en la cabeza no tienen consecuencias. El problema es saber cuáles sí.
En un adulto mayor, un golpe que pareció insignificante puede dar síntomas seis semanas más tarde.
Un hematoma subdural es una acumulación de sangre entre el cerebro y la duramadre, la membrana resistente que lo recubre. Al ocupar espacio dentro de un cráneo que no puede expandirse, comprime el cerebro.
Lo que hace a esta patología particularmente traicionera es el retraso: en su forma crónica, los síntomas pueden aparecer semanas o incluso meses después de un golpe que en su momento pareció no tener importancia. Muchos pacientes ni siquiera recuerdan haberse golpeado.
| Agudo | Subagudo | Crónico | |
|---|---|---|---|
| Tiempo desde el golpe | < 3 días | 3 días – 3 semanas | > 3 semanas |
| Mecanismo típico | Trauma severo | Trauma moderado | Trauma leve o no recordado |
| Perfil del paciente | Cualquier edad | Variable | Adulto mayor, anticoagulados |
| Evolución | Deterioro rápido | Progresiva | Lenta, insidiosa |
| Urgencia | Emergencia inmediata | Urgente | Preferente, no siempre inmediata |
Con la edad el cerebro reduce ligeramente su volumen. Eso deja más espacio entre el cerebro y el cráneo, y las pequeñas venas puente que los conectan quedan más estiradas y expuestas. Un movimiento brusco de la cabeza puede romper una de esas venas sin necesidad de un golpe fuerte.
La sangre se acumula lentamente. Al principio el espacio disponible la absorbe sin dar síntomas. Cuando la colección crece lo suficiente para desplazar el cerebro, empiezan las manifestaciones.
Aquí el cuadro es mucho más sutil y con frecuencia se confunde con demencia, depresión o «cosas de la edad»:
La tomografía computarizada (TC) de cráneo sin contraste es el estudio de elección. Es rápida, disponible en urgencias y muestra la colección con claridad, incluyendo su antigüedad aproximada según la densidad de la sangre.
La resonancia magnética se reserva para casos dudosos, hematomas isodensos difíciles de ver en TC, o cuando hay colecciones bilaterales que se compensan entre sí y no desplazan la línea media.
Un hematoma pequeño, sin desplazamiento significativo del cerebro y en un paciente sin síntomas neurológicos puede vigilarse con controles clínicos y de imagen. Muchos se reabsorben solos. Si el paciente está anticoagulado, se reevalúa el balance riesgo-beneficio de esa medicación junto a su cardiólogo o internista.
Trepanación (agujeros de trépano). Es el procedimiento habitual para el hematoma crónico. Se realizan uno o dos orificios pequeños en el cráneo, se drena el contenido —que a esas alturas suele ser líquido, no coágulo— y se lava la cavidad. Es una cirugía relativamente breve y bien tolerada incluso en pacientes de edad avanzada.
Craneotomía. Necesaria en el hematoma agudo con coágulo sólido, o cuando hay membranas organizadas que impiden el drenaje simple. Se abre una ventana ósea mayor para evacuar el coágulo y controlar el sangrado.
Embolización de la arteria meníngea media. Técnica endovascular más reciente que corta el aporte de sangre que alimenta las membranas del hematoma crónico. Se usa como complemento a la cirugía o como alternativa en casos seleccionados, especialmente para reducir recurrencias.
El hematoma subdural crónico responde bien al drenaje: la mejoría neurológica suele ser rápida y muchos pacientes recuperan su estado previo. El resultado depende sobre todo de cuánto tiempo estuvo el cerebro comprimido antes de tratarlo y del estado general del paciente.
La recurrencia no es rara —el espacio subdural queda dilatado y puede volver a llenarse— y es más frecuente en pacientes anticoagulados, con atrofia cerebral marcada o con membranas organizadas. Por eso el seguimiento con imagen después de la cirugía es parte del tratamiento, no un extra.
El hematoma agudo tiene un pronóstico más reservado, muy ligado al estado neurológico al llegar al hospital y a la rapidez de la evacuación.
El agudo se manifiesta en las primeras horas o días. El crónico puede tardar entre tres semanas y varios meses en dar síntomas, y con frecuencia el paciente ni recuerda el traumatismo, porque pudo ser un golpe leve. Por eso ante cambios neurológicos en un adulto mayor conviene preguntar por caídas de los últimos meses.
Sí, los hematomas pequeños sin desplazamiento del cerebro y sin síntomas pueden reabsorberse espontáneamente con vigilancia clínica y controles de imagen. La decisión de observar o drenar depende del tamaño, del desplazamiento de la línea media, de los síntomas y del estado general del paciente.
El drenaje mediante trepanación es un procedimiento relativamente breve y bien tolerado, que a menudo se realiza incluso en pacientes muy mayores. El riesgo de no tratar un hematoma sintomático suele ser mayor que el de la cirugía. Cada caso se evalúa individualmente considerando comorbilidades y medicación anticoagulante.
Es una decisión que debe tomarse de forma conjunta entre el neurocirujano y el médico que indicó el anticoagulante, normalmente cardiólogo o internista. Suele suspenderse temporalmente alrededor de la cirugía y reintroducirse después según el riesgo trombótico individual. Nunca se debe suspender por cuenta propia.
Dolor de cabeza que empeora, vómitos, somnolencia excesiva o dificultad para despertar, confusión, cambios de conducta, debilidad de un lado del cuerpo, dificultad para hablar, alteración de la visión, inestabilidad al caminar o convulsiones. Ante cualquiera de estos signos hay que acudir a urgencias.
Escrito y revisado por el Dr. Ricardo Bermúdez, neurocirujano. Última revisión: 2026-09-09.
Contenido informativo de carácter general. No constituye consejo médico, no establece una relación médico-paciente y no debe usarse para autodiagnosticarse ni para decidir un tratamiento. Los resultados varían en cada persona. Ante cualquier síntoma, consulta a un médico.

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